lunes, 17 de enero de 2011

A puño limpio...

Muy calientito, con el ceño fruncido, la mirada fija, la guardia levantada, y los guantes bien puestos, como chivo en cristalería, llegó a provocar a quien se deje… Y varios han caído: “Son ninis…” “me los voy a llevar al baile…”, “para todos tengo…”, “vamos a sacar a las tepocatas y víboras prietas”... No, no es Wolf Rubinskis correteando a Tin tán, ni Luis de Alba en su papel del “Chido”, ni Cuauhtémoc Blanco en un clásico de clásicos... No, es Humberto Moreira, dirigente electo del PRI que ya se convirtió en un folclórico y chusco personaje de la política mexicana que está robando cámara por su bonito papel de bravucón…

Echado pa’lante, Humberto Moreira tiene un papel muy claro de aquí a julio del 2012: jalar reflectores y quitarle golpes y pleitos al mexiquense copetudo que puntea en la carrera presidencial. “Yo me aviento los pleitos y te quito los golpes”, le ofreció a Peña, y en unas cuantas semanas ya logró que lo llamen “Kid Moreira”, ya logró posicionarse como el Juan Camaney de la política nacional.

Y el bailarín coahuilense (fue parte del ballet de Amalia Hernández) se sube al ring y les zapatea a sus opositores. La metralla de Moreira ha dado en todos los blancos: el secretario de Gobernación, Francisco Blake, el titular de Sedesol, Heriberto Félix, el secretario del Trabajo, Javier Lozano y el secretario de Educación, Alonso Lujambio. Y ellos, ingenuos, simplemente cayeron en el garlito y le entraron a los dimes y a los diretes… Suena la campana, termina el primer round, ¡diez puntos para Moreira, ocho puntos para el PAN, el gobierno federal, el gabinete nini y todo aquél que se ponga enfrente! Parece que es cierto eso de que “para todos tiene”.

Hasta Gustavo Madero, hombre de semblante amable, como su tío Paco, pacificador y pacífico, pastor del PAN, se vio obligado a intervenir en defensa de sus compañeros (como buen tutor) y lanzó un mensaje al coahuilense, diciéndole que no es con actitudes y calificativos despectivos como se gana la simpatía de la gente. Pues sí, pero Don Humberto no está aquí para recoger cariño. Su papel es el de Carlos López Moctezuma, o sea, el malo de la película. Ya después llegará el Pedro Infante engelado para sobar a quien haya salido lastimado…

Obituario: Y dale con las alianzas, primero me “robas” la presidencia y luego te quieres casar conmigo. La política mexicana apesta, “mátame, pero no me dejes”.

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