martes, 16 de agosto de 2016

Hugo tiene razón



Desde siempre hemos oído a Hugo Sánchez decir que los mexicanos somos como cangrejos en una cubeta, y que si uno se adelanta para salir los demás lo bajan, así, ninguno sale nunca del recipiente… Una fábula tan triste como real. 

El peor enemigo de un mexicano es otro mexicano. El mexicano es envidioso, ventajoso, tramposo (le llamamos “picardía”), desconfiado. Pero no me haga caso, voltee usted al tráfico, a la fila del banco, a los estadios, a los conciertos, a las escuelas, a las oficinas, está en todos lados. Nosotros nos unimos en la desgracia, pero en la desgracia desgracia desgracia. Nos unimos cuando de plano el otro está debajo de los escombros, o del agua, o del lodo. Y nos unimos para quedar bien, para que los demás vean que somos a toda madre. Igualito que en Facebook, donde todos nuestros “amigos” nos quieren ver bien y felices, no más felices, ni tan bien como ellos, pero bien y felices.

Así, mi Alexa Moreno está gorda, ¿cómo se atrevió a ir a Río? ¡Pinche marrana! Hugo Sánchez siempre tuvo suerte. Ana Guevara seguro es hombre y además está re fea. Fernando Valenzuela también estaba muy gordo y nada más aventaba la pelotita, ¡qué chiste! ¿Soraya? Bueno, era una india marimacha, pero no podemos hablar de ella, porque ya pasó a mejor vida. El Chicharito es un cazagoles, de cagada llegó al Madrid. Paola es una mamona, ojalá pierda, igual que la selección del “Potro” Gutiérrez.

Octavio Paz decía que el mexicano percibe la vida como “una posibilidad de chingar o de ser chingado”. Por supuesto que es mejor chingar ¿no? Ser oposición es más rico. Protestar por todo y quejarse de todo. Claro, de todo lo que no sea importante. ¿Por qué no nos quejamos de aquello que de verdad nos afecta? No, es más fácil estar tirado frente a la tele, con una cerveza en la mano, quejándose de la ineficacia de los atletas mexicanos. Es más fácil tuitear y postear estupideces en contra del gran esfuerzo que realizan los deportistas nacionales. Es más fácil ver el jardín del vecino, observar que es más verde (sin pensar que se levanta todos los días a las seis de la mañana para regarlo y tenerlo así)  y entonces mentarle la madre, pinche presumido mamón. 

Obituario: Alfredo tiene a Enrique, y por eso hace lo que hace. ¡Esos son amigos!

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