martes, 7 de septiembre de 2010

Fuerzas armadas, muy armadas

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Otra vez soldados dispararon contra una familia que regresaba de una fiesta en un auto, en el municipio metropolitano de Escobedo, Nuevo León. Mataron a un hombre y a su hijo de 15 años. También hirieron a seis, entre ellos dos menores más.

Los testigos mencionan que no se dieron cuenta cuando miembros del ejército les marcaron el alto, hasta que un vehículo militar los persiguió disparándoles con armas largas. ¡El ejército con todo su arsenal tiroteándo a una famila! ¿En qué país vivimos?

En los últimos tres años, militares que participan en el combate a la delincuencia organizada han asesinado al menos a una decena de inocentes en la región, entre ellos varios menores, al disparar contra vehículos que no obedecen cuando les marcan en alto en retenes u operativos en carreteras o avenidas. Como sucedió con el ataque a la familia Almanza Salazar el 3 de abril en Ciudad Mier, Tamaulipas, que dejó a dos niños muertos, Martín y Brayan.

Las fuerzas armadas no son policías, ni están para servir de antidisturbios, porque no saben ni pueden, ni tampoco para servir de falsa seguridad. El ejército está integrado por los hijos del pueblo mexicano, por hombres y mujeres que provienen de la entraña más profunda de la nación, hijos de familias trabajadoras, obreros, campesinos y profesionistas. Debe ser un ejército popular, cercano al pueblo, un ejército que cuida y sirve, que protege y fortalece, que da certidumbre para el desarrollo de las actividades de nuestra nación. Ay, ¡Qué lindo se oye!
Pero no es así, al contrario, el ejército viola los derechos humanos. Los ciudadanos de a pie nos sentimos más amenazados por las fuerzas armadas que por los cárteles del narcotráfico. Total, cualquiera nos puede balacear.

Obituario: Para detener a “la barbie” no se disparó ni un solo tiro, pero hubo que rafaguear un Malibú para contener a una familia que regresaba de su paseo dominical.





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