viernes, 19 de noviembre de 2010

El hijo del pueblo...

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José Alfredo Jiménez, sin duda, llegó de un mundo raro. Si yo hubiera sido mujer y me lleva serenata, por lo menos se me caen los calzones. Fue un elegido, muy pocos tienen un talento tan increíble, fue, simplemente, un genio. “Cuando estoy entre tus brazos siempre me pregunto yo ¿cuánto me debía el destino, que contigo me pagó…”

Sin embargo no todo mundo piensa, ni siente igual. Cristina Fernández nunca lo quiso, él se cansó de rogarle, pero fue inútil. Ella se convirtió en "Ella"… Tiempo después se volvió famoso y entonces sí le quiso hacer caso. Demasiado tarde, entonces le compuso “yo”.

José Alfredo, así, sin apellido, como dijo Carlos Monsiváis, pues es del pueblo, se volvió el amigo de todo aquel que quisiera poner voz a sus penas amorosas. Sus metáforas y sentencias dieron rienda suelta al mexicano que ha sido malquerido, pero también al que presume de un "amor del bueno". “Pero callé tu boca con mis besos y así pasaron muchas, muchas horas…”

José Alfredo tuvo la enorme virtud de decir fácilmente lo más rebuscado. Eso que en algún momento sentimos todos, pero que nos cuesta tanto trabajo expresar. Él tradujo en canciones los sentimientos más profundos. “Te vi llegar y sentí la presencia de un ser desconocido…”

Esas melodías "fáciles, bonitas y sencillas'' nos llevan a vivir el amor y/o el desamor en todo su esplendor, y a gritarle al maestro ¡sin duda tienes razón! “Porque soy superior con mi cariño al amor que te traigan entre todos…”

No es necesario explicar las canciones de José Alfredo, ellas se explican solas. “Si algo en mí cambió te lo debo a ti, porque aquel cariño que quisieron tantos me lo diste a mí…”

Y miren que era mal cantante, pero le echaba mucho sentimiento. Para cantar una canción hace falta sentirla. “hoy solo puedo brindarte desprecios, yo que tanto te quise en la vida…”

Esa manera tan exacta en cada frase, más el sentimiento a flor de piel y ese valor para cantarlo, lo hacen ser el rey, esa manera de transmitir el amor y el dolor simplemente es única. “Ahí te dejo mi desprecio, yo que tanto te adoraba…”

Desde que el amor empieza y hasta que se acaba sin duda podemos cantar una canción que nos identifica con lo que estamos sintiendo. “Me equivoqué a lo macho, como muy pocas gentes se habrán equivocado…”

José Alfredo Jiménez murió el 23 de noviembre de 1973. Desde entonces es propiedad de la cultura popular del mundo.

Y todavía se dio el lujo de despedirse en una de sus últimas composiciones. “El dinero pos no sé ni por donde los dejé, pero sus aplausos, esos los traigo aquí adentro y ya no me los quita nadie, esos se van conmigo hasta la muerte…”

Y el poeta escribía en servilletas, en papel higiénico, en cualquier parte, en donde le agarraba la inspiración. ¿Cuántas canciones inéditas habrá olvidadas en algún cajón? ¡Qué manera de privarnos de algo que nos pertenece a todos! Porque la genialidad de la obra de José Alfredo es nuestra. “No encontré las palabras precisas pa’ decirte con mucha pasión que te quiero con toda mi vida, que soy un esclavo de tu corazón…”

Ya lo dijo Monsiváis: “Quien no se deja representar por José Alfredo carece ante sus propios ojos de legitimidad emocional”.

Obituario: “Yo compongo mis canciones pa’ que el pueblo me las cante, y el día que el pueblo me falle, ese día voy a llorar”. No te preocupes José Alfredo, nunca vas a llorar.

2 comentarios:

  1. Wow, simplemente José Alfredo no era de este mundo.

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  2. ... Si tuviera con que, compraria para mi otros dos corazones... Para hacerlos vibrar y llenar otra vez sus almas de ilusiones...Jose Alfredon Maestro, sin intencion compraste no solo dos... Nos robaste miles y miles de corazones y tristemente te digo donde quiera que te encuentres, aqui nos quedamos muchos en este mundo raro...

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