martes, 23 de septiembre de 2014

"Cantinflas", nada más no, chato.



El fin de semana pasado me di a la tarea de ir al cine a ver “Cantinflas”, cinta de Sebastián del Amo que busca, según los más optimistas defensores y porristas de dicha obra, una nominación para los premios de la academia de ciencias y artes cinematográficas de Estados Unidos.

Me metí al cine porque todo mundo dice que es una maravilla, que es lo mejor que nos ha pasado y que hay qué verla porque es, simplemente, la quintaescencia del cine nacional. Porras, confeti, cohetones y mucha algarabía. Y es cierto, es lo mejor que nos ha pasado desde la película de Derbéz… Total que se apagaron las luces y empezó la función.

¿Y qué me encontré? Algo muy (pero muy) por debajo de la expectativa que me habían vendido por todos lados. Me encontré con un montón de anécdotas que no terminan de cuajar nunca. Me encontré con un casting de caricatura que casi casi casi cae en lo ridículo (¡Bárbara Mori es Liz Taylor!). Me encontré con un muy buen actor (Óscar Jaenada) convertido en un excelente imitador. Me encontré con una historia que cuenta muchas historias para después no terminar de contar ninguna. Me encontré con que Mario Moreno, en su juventud, ya hablaba como Cantinflas (bueno, como “Cantinflas show”). Me encontré con un Manuel Medel soberbio, antipático y que no tuvo absolutamente nada qué ver con la construcción del personaje de don Mario (véase http://www.loseditores.com.mx/index.php/historico-editores/entry/cantinflas ). Me encontré con que, si no hubiera sido por Chaplin, Cantinflas no gana el Globo de Oro (hágame usted el favor). Me encontré con la falta de un indispensable contexto para reconocer a Diego Rivera, Jorge Negrete, Fidel Velázquez, Fernando Soto “Mantequilla” y muchos otros. Me encontré con escenas telenovelescas, casi chuscas, como cuando el protagonista llora en su inmenso jardín porque se entera que su esposa no puede tener hijos (eso tendría que ser un dramón, pero no logra transmitir absolutamente nada).

En fin, la cinta quiere contar todo y termina sin contar nada. No terminamos de saber cómo era Mario Moreno. Tampoco explican del todo la parte sindical, ni el carpero, ni el taurino, ni el boxístico, mucho menos el personal. ¿Así construyó a Cantinflas? ¿Casi espontáneamente? ¿Y así, espontáneamente llegó al estrellato? ¿Qué caso tienen las sátiras donde recrean las escenas de las películas originales? No aportan nada a la historia.

Sé que el personaje es complicado y que hay mucho qué contar. También entiendo que es difícil plasmarlo todo en un par de horas. Pero no había necesidad de abarcar tanto para apretar tan poco. 

Insisto, la película es un puñado de anécdotas que no aportan nada al conjunto. Una lástima, porque se podía hacer mucho más con una leyenda de tal magnitud. El director la tenía, era suya y la dejó ir. Aunque por ahí he escuchado que se tuvo que ceñir a lo que le dictó la familia del mimo, por lo que quitó varias escenas que hacían quedar muy mal a Mario Moreno.

Esta es MI opinión, ni soy crítico de cine, ni aspiro a serlo (aunque en estos días cualquiera lo es), solamente quería exponer lo que pienso como un hijo de vecino que compra su boleto y se sienta en la sala de cine a que le cuenten una buena historia. Y “Cantinflas”, créame, no lo es. Usted sabrá, querido lector, si le entra al toro. Sobre aviso no hay engaño chato.

Obituario: En Televisa ya se dieron cuenta de que el nombre completo de su corresponsal en Michoacán es Eliseo Caballero Templario…



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