martes, 23 de junio de 2015

Mojarras enjabonadas



Ser técnico de la selección nacional mexicana es un orgullo. Llevar en sus manos la representación de todo un país y levantar la cabeza y el pecho para defender los colores patrios. Encarnar la lucha diaria de millones y millones de mexicanos que sueñan con los triunfos de su equipo, librar a la nación de todo mal y trabajar para llenar de alegrías todos esos ojos mexicanos lindos que últimamente solo están llenos de lágrimas… Es ponerse a la altura de la Virgen de Guadalupe o de Pedro Infante. Es preservar un tesoro nacional, ¡es cuidar a la madre de todos los mexicanos!

Ok, ya en serio. Ser técnico de la selección nacional, más allá de todas las estupideces que todo mundo pueda decir, es una oportunidad única que representa hincharse de billetes, aparecer en todos lados y tener una temporada de fama incomparable… Y todo eso dura hasta que se acaba la ilusión de los pamboleros y la paciencia de los dueños de la pelota. Entonces se acaban las marquesinas, la lana, el glamour, la publicidad y se vuelve a la triste realidad: Ser un caballito más en el carrusel de Dt’s de nuestra hermosa liga mexicana…

Yo, por eso, no juzgo a mi “Piojo”, Miguel –porque somos “bros”− solo está aprovechando la oportunidad que tan amablemente le ofreció la vida. No sé, supongo que se la ganó. Y las oportunidades se aprovechan, ¿sí o no?

Ahora, que le iba a ir mal en la copa América ¡pues claro! Ningún equipo en el mundo juega dos torneos veraniegos avalados por FIFA, sólo México –Jamaica no cuenta como equipo de fútbol-, y sabemos perfectamente que los juegan nada más para sacar más varo, ¿a quién le importa el prestigio deportivo? Si nunca hemos ganado nada. Y nunca lo vamos a hacer. Quitémonos la venda, somos adultos.

En ese entendido, el error de Miguel Herrera es engancharse con todo lo que le dicen. En estos tiempos de mediatez, inmediatez y redes sociales lo peor que se puede hacer es enojarse. La turba, digas lo que digas y hagas lo que hagas, se te vendrá encima. Y si no, échenle un ojo al twitter del presidente Peña, o al de AMLO, ¡los destrozan al menor movimiento!

Por eso, querido Miguel, como dijo mi Mizada Mohammed: “Si tu luz les molesta, que se pongan lentes y ¡mojarrita enjabonada!”

Obituario: Al pobre Chuayffet ya hasta se le quiebra la voz en los discursos. Por favor, que alguien le ayude.

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