martes, 11 de noviembre de 2014

Un cuento chino



1200 grados es la temperatura que usan las funerarias para calcinar a un difunto. Es un procedimiento que tarda entre tres y cuatro horas. Al final, los restos óseos son golpeados para hacerlos más pequeños y poder depositarlos en la urna. Claro, todo se realiza en un cuarto especialmente diseñado para el caso.

Ahora, producto de la confesión de tres supuestos “autores materiales”, el gobierno, la PGR y demás dependencias encargadas de las investigaciones del caso Ayotzinapa, nos informan que los 43 estudiantes fueron quemados con diesel, madera, llantas, leña, plástico y otros materiales… Después metieron los restos en bolsas y las aventaron al río San Juan. Ya, todos están muertos, por favor, récenle a sus muertos y dejen de dar lata. La autoridad ya cumplió. A otra cosa. Eso sí, "La investigación queda abierta hasta agotar todas las posibilidades que permitan identificar los restos humanos encontrados”.

Así es, 43 personas quemadas en medio de un pueblo y nadie vio nada, nadie supo nada, nadie olió nada y nadie percibió nada. ¡Qué chistoso! Reducidos a cenizas listas para depositar en bolsas desechables en solamente catorce horas. Calcinadas en una hoguera construida con base en el manual de “hágalo usted mismo”.  Así, rapidito, los formaron, les echaron los materiales antes mencionados, les prendieron fuego con ocote y lo avivaron con un soplador. Una vez terminada la sesión recogieron las cenizas y ya. Simple.

Preguntas hay muchas y no vamos a terminar nunca, sin embargo la más importante es ¿de veras la autoridad cree que les creemos? Nos chupamos el dedo por cochinos, no por idiotas. Un trío de detenidos dan su versión y ya, caso resuelto. Se queda así porque tres vulgares raterillos dicen que ellos fueron. La versión de la hoguera casera debe oficializarse. 

El país –y sobre todo los padres de familia− necesita certezas, no pueden venirnos a platicar cuentos chinos con forenses argentinos. Pareciera que el gobierno se ríe de nosotros. México se hunde, se deprime, llora, sangra.

Ya me cansé. Digo, llevo más de media hora escribiendo esta columna…

Obituario: El fin de semana fui al hospital de Xoco a visitar al jefe de gobierno, pero me dijeron que no estaba ahí, ¡qué raro!

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