martes, 19 de julio de 2016

Apologías



Detuvieron a Gerardo Ortiz, sí, el cantante grupero que grabó un video donde mata al Sancho y encajuela a su buenísima, aunque muy operada, esposa. ¿El crimen? “Apología del delito”.

Sí, leyó usted bien: “Apología del delito”. Y no es que tal figura jurídica esté mal o sea ridícula, no. Lo chusco es que la deberían aplicar en todo momento. Imagínense, mi Martin Scorsese estaría en el tanque desde hace muchos años. Al Pacino y Robert de Niro estarían huyendo de la justicia. Marlon Brando habría muerto en prisión. Y acá, en la región 4, la gente que hizo “La reina del sur” y “El señor de los cielos” también sería culpable. El distinguido Komander, una que otra banda y hasta los Tigres del Norte se tendrían que amparar. El discurso, por supuesto es blandengue y raya en lo estúpido.

Y como si la cosa no fuera de por sí confusa, las autoridades señalan que “aunque es del dominio público el asunto por el cual Gerardo Ortiz fue remitido no se brindará mayor información debido a que se aplica el derecho de confidencialidad que asiste al cantante”. ¿?

Pero seamos claros, Gerardo Ortiz no fue detenido por su ya famoso video, de pésimo gusto, por cierto. En abril pasado la Fiscalía del Estado de Jalisco presumió que el artista tenía vínculos con la delincuencia organizada y solicitó la intervención de la PGR en este caso. Luego, la PGR informó que se investigaba la posible relación del cantante con el Cártel Jalisco Nueva Generación, puesto que la casita en la que se grabó el video pertenecía a Daniel Quintero, líder del ya mencionado cártel. Además de que varios oficiales de la policía de Zapopan se pusieron guapos y salieron de extras en la filmación. Pero no se preocupe usted, ya fueron dados de baja.

Así, con las autoridades haciendo mutis, los medios informando estupideces, las redes sociales confundiendo al respetable y el respetable creyendo todo lo que le dicen, podemos llegar a la conclusión de que mi Gerardo Ortiz no solamente hace videos horrorosos, no, también tiene cola que le pisen.

Obituario: Renunció Virgilio, todo lo que hizo lo hizo muy bien, ¡misión cumplida jefe!

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